Sobre la obra de Rosanna Fontanet

La marea del lenguaje que al arte sirve para explicarse o justificarse, ha enmarañado tradicionalmente la verdad. Tal es la figura del pajar. Desorden de mismas y finas hebras de paja, doradas como el oro, pero ligeras como una brizna de viento. ¿Cabe encontrar en este pajar una aguja?

La obra de Rosanna Fontanet rehuye las explicaciones que el lenguaje permite, y evita sometimientos al verbo. Su obra guarda un vínculo sólo próximo a la emoción y genera una lectura sin palabras.

Las obras de R. Fontanet surgen de una lenta y fructífera marea hecha de intromisión en el mundo de lo ínfimo, casi secreto, y regreso prolífico al espacio de lo evidente, de lo palpable... la dimensión humana. Tal atención continua ante lo minúsculo constituye un viaje por lo último que al ser humano cabe percibir, y este espacio último como horizonte del conocimiento sensible es precisamente lo que convierte la tarea de R. Fontanet en una obra de entrega. Su incursión en la dimensión del detalle recoge estructuras como verdades, tactos, fuerzas interiores que laten en los entramados, luces inapreciables... Su obra reconstruye para nosotros tales hallazgos, pero los engrandece, los magnifica, los transporta a una dimensión que ya no podemos eludir. Y es quizá en este punto que uno no sabe ya si el empequeñecido ha sido el propio observador, dominado por el prodigio del asistir a las luces de lo inapreciable.

El lugar en que trabaja R. Fontanet es un emplazamiento singular por cuanto constituye un punto de fuga que lleva lo humano a lo microscópico. Desde aquí, el discurso que se genera es un discurso que habla de la sublimidad de la pequeñez, que invita a sentir la presencia de los detalles inaprehensibles de nuestra casa común, sus energías recubiertas de formas que ya no vemos, en cuyo minúsculo espacio se muestra la magnificencia y la putrefacción de lo adyacente.

En el taller de R. Fontanet se puede percibir el esfuerzo que supone la construcción de cada pieza, construcción que viene a ser re-construcción del hallazgo realizado en el hilo de lo ínfimo. Como el pescador que arrastra con fatiga el peso de la red, así R. Fontanet nos trae la pesca de sus atenciones. Hay, pues, en su obra, una reformulación del Hogar basada en la figura del homenaje o del tributo, una manera de exclamación de lo contemplativo, y con ello tal vez, de desafío al tiempo.

Con todo, R. Fontanet nada pide al ojo ajeno, sino que ofrece las imágenes que diariamente mueren inadvertidas. Su intuito y sus manos trabajadoras nos regalan lo que a nuestras vidas falta, pese a que presintamos su posibilidad y hasta su experiencia. R. Fontanet encuentra lentamente, reconstruye pacientemente, y nos ofrece en silencio. Hay así anonimato implícito en su ejercicio de artista, un silencio elocuente. Mas tal silencio no pretende emocionar desde la evocación del “silencio” existencial, sino precisamente eludir la babélica sinfonía de los excesos.

Tal vez por ello la presencia más recurrida por R. Fontanet sea el árbol, la figura omnipresente que nos habla a través de las tramas, los círculos, los nudos, los retorcimientos... El árbol como hermano de sangre o como testigo secular en cuyo silencio confabulante cabe confiar.

Es por esta manera de exponernos el fruto de su labor, que la obras de R. Fontanet nos asaltan con coraje desde el instante en que las vemos. Su poder expresivo es el de la aguja en el pajar, uno la encuentra porque le hiere su punzón.


Alberto S.Lauro